Embajada de Nueva Zelandia en México

Discurso del Ministro Tim Groser al Consejo de Negocios de América Latina

Hon Tim Groser
Ministro de Comercio
28 de junio de 2013.

Discurso al Consejo de Negocios de América Latina

Regresé recientemente de representar a Nueva Zelandia en la Cumbre de la Alianza del Pacifico, realizada en Colombia. Ahora somos un observador oficial de la Alianza del Pacífico, junto a Australia, Canadá (Stephen Harper, el Primer Ministro canadiense, también estuvo presente en Colombia) y un puñado de otros países.

En esta etapa, la Alianza del Pacífico incluye a México, Colombia, Chile y Perú. Combinado, su PIB es de más de $2 trillones –equivalente a la octava economía del mundo. Esto es aproximadamente el tamaño de ASEAN. Éstos son los países en Latinoamérica que quieren sumarse a la economía global y liberalizar los flujos comerciales y de inversión, dejando atrás los modelos de sustitución de importaciones que sólo miran hacia adentro y que hicieron a muchos países pobres durante el siglo pasado. Nosotros (ciertamente trabajando de manera conjunta con Australia) podemos tener un nuevo proyecto en nuestras manos: desarrollar una relación estratégica de largo plazo con los países latinoamericanos, durante el primer cuarto del siglo XXI. 

Por supuesto, seguimos interesados en los otros países latinoamericanos afuera de la Alianza del Pacifico –en particular con el más grande de todos, Brasil, y el Primer Ministro visitó Brasilia apenas hace un par de meses. Pero el día de hoy, mi enfoque es exclusivamente en la Alianza del Pacífico.

El paralelo: Construyendo nuestros vínculos con Asia

Desde un perspectiva puramente neozelandesa, existe un cierto paralelo con nuestra gran historia de éxito durante el último cuarto del siglo XX –el desarrollo de una creciente relación económica con Asia. Pero no hay que equivocarnos –todavía hay trabajo en progreso y existe el potencial de obtener mayores beneficios para Nueva Zelandia. Sin embargo, nuestra relación con Asia no siempre fue así y necesitamos tener en cuenta este paralelo histórico al considerar nuestras opciones en América Latina, en donde nuestra relación económica es igualmente fina y sin desarrollar.

El mensaje político aquí es simple: las cosas cambian. Y, más al punto, podemos lograr un cambio a través de una estrategia de política exterior consistente y coherente. Existen algunas lecciones fundamentales que se derivan de nuestro éxito de largo plazo en Asia, las cuales creo que podemos aplicar a América Latina.

Reflexionemos sobre de dónde venimos con respecto a Asia. En el período comprendido entre los años 1940 hasta mediados de 1970, nuestra participación en Asia no tenía prácticamente ningún componente económico. Nuestra participación en Asia estuvo dominada por la inseguridad, el involucramiento en sus diversas guerras terrestres y marítimas y (en el caso de la Federación de Malasia) la lucha contra el terrorismo.

Digamos que hasta mediados de 1970, la mayoría de estas economías asiáticas estaban sumidas en la pobreza, gobiernos autoritarios y políticas económicas hacia adentro que intentaban ser autosuficientes en casi todo. A medida que estos países se movieron progresivamente hacia sistemas políticos más abiertos (Indonesia es un país plenamente democrático e incluso Myanmar ha dado sus primeros pasos hacia los mercados políticos más abiertos) y se adoptaron  economías abiertas más racionales y ortodoxas, todo eso cambió. Esto permitió a Nueva Zelandia y a Australia estar donde están hoy con ellos y construir plataformas destacadas para nuestras relaciones económicas y comerciales (los tratados de libre comercio con China y el ASEAN, por ejemplo). Gracias a esto, las compañías exportadoras existen y la gente tiene trabajo en Nueva Zelandia. El TPP llevará un paso más adelante el proceso de compromiso en Asia-Pacífico. 

Los países en América Latina, que bordean las profundas aguas azules del Pacífico que compartimos con ellos, están  haciendo verdaderamente la misma transición hacia mercados económicos y políticos más abiertos. Es decir, ellos están siguiendo el mismo camino que nuestros socios asiáticos tomaron hace algunos años. Como los países asiáticos durante el último cuarto del siglo XX, los países latinoamericanos también están emergiendo de pasados profundamente difíciles –de dictaduras militares o Estados de régimen de partido único, historias de abuso a los derechos humanos, terrorismo (frecuentemente relacionado con el tráfico de estupefacientes), políticas económicas orientadas hacia el interior y pobreza arraigada.

Es evidente que algunos de estos países han avanzado más en el camino que otros que todavía enfrentan grandes retos de desarrollo. Chile, con un ingreso per cápita de cerca del 70% de Nueva Zelandia, está probablemente a menos de diez años de convertirse en un país desarrollado; Perú ha tenido una tasa de crecimiento anual promedio de más del 6% durante los últimos diez años. Colombia, a pesar de continuar luchando contra problemas de terrorismo y narcóticos y contar con una población de casi 50 millones de personas, bien puede convertirse en la segunda economía más grande de América del Sur dentro de los próximos diez años. Algunos expertos predicen que México superará a Brasil como la economía más grande en América Latina, a pesar de la gran diferencia en tamaño (110 millones para México contra 190 millones de personas en Brasil).

Por último, todo es acerca de las opciones. El futuro comercial de Nueva Zelandia nunca ha tenido un mejor aspecto, habiendo luchado por encontrar mercados una vez que nuestro hasta entonces principal mercado de exportación, el Reino Unido, entro a la entonces ECC, ahora la Unión Europea. A medida que nos abrimos paso a través de ese shock, aprendimos de la manera difícil que nadie le debe a Nueva Zelandia algo. Tenemos que crear opciones con estrategias políticas inteligentes, creativas y de muy largo plazo. Podríamos tener un nuevo proyecto entre manos con respecto a la Alianza del Pacífico.

América Latina: la estrategia ‘NZ Inc’

He estado alrededor de los bordes de un debate dentro del Ministerio de Relaciones Exteriores de Nueva Zelandia durante décadas. Nunca ha existido un argumento en contra sobre el principio de intentar desarrollar una relación más productiva con los países de Latinoamérica. Esto no está, y nunca ha estado, a debate. El problema ha sido como hacer operativa esta idea.

En el lado positivo de la agenda, y casi siempre trabajando de la mano con Australia, hemos disfrutado de una relación muy productiva con los países latinoamericanos en agendas multilaterales comunes. Estos temas son más amplios que la política comercial y son transversales en una variedad de foros de la ONU, incluyendo cuestiones de desarme y más recientemente, cambio climático, con nuestra membresía compartida en el Diálogo de Cartagena y la Alianza Mundial de Investigación en Emisiones Agrícolas, la cual tiene un fuerte componente latino. Sin embargo, los intereses comunes en la reforma multilateral al comercio resaltan como los elementos más importantes. Y no son únicamente las redes de funcionarios expertos quienes entienden esto. Existe un reconocimiento generalizado de esto a niveles más altos, incluyendo el nivel de Jefes de Gobierno. 

El Grupo Cairns –muy influyente durante la última y exitosa Ronda de negociaciones multilaterales de Uruguay– comenzó como una iniciativa política entre Latinoamérica, Australia y Nueva Zelandia, y ha crecido a partir de ahí.  Las redes que han construido esas experiencias todavía permanecen. Es cuando vamos más allá de nuestros fuertes intereses compartidos en las agendas multilaterales comunes cuando encontramos el problema real. El problema es diferente: las relaciones bilaterales que tenemos con muchos de estos países permanecen siendo, como yo lo llamo, “delgadas”. Todo es perfectamente amistoso y cooperativo; es sólo que no están sucediendo muchas cosas.

Entonces, ¿qué vamos a hacer con respecto a esto? Bueno, mucho en realidad y el principal punto de mi discurso el día de hoy es que creo que la formación de la Alianza del Pacifico puede ser transformacional en términos de profundizar nuestras relaciones con por lo menos un importante subconjunto de países latinoamericanos.

Primero, hemos establecido nuestra Estrategia para Latinoamérica, diseñada para fortalecer nuestros vínculos con América Latina y para maximizar las oportunidades económicas de Nueva Zelandia en la región.  Esta estrategia está basada de manera bastante explícita en el entendimiento que hemos dado prioridad a otras regiones y que hemos sido muy “ligeros” en América Latina. Inevitablemente, esta estrategia latinoamericana tiene una variedad de distintas ideas y conceptos. Como siempre, comienza con el compromiso político.

Aquí, el Primer Ministro abrió el camino políticamente hacia la Alianza del Pacífico hace tres meses, visitando tres de los cuatro países (México, Colombia, Chile) y estableciendo el puente político para un compromiso sostenido con estos países. Me pidió que le diera seguimiento representando a Nueva Zelandia en la reunión de la Alianza del Pacífico en Colombia. Cuando se está interesado en convertirse en un jugador relevante es importante meterse a la arena de juego y asegurar la participación. 

Tenemos una variedad de programas funcionando para profundizar nuestros vínculos en turismo y aéreos –los cuales no son tan malos, dado que tenemos cerca de 10 vuelos semanales entre la región y Auckland y próximamente habrá tres más vía Sydney.

La educación es otra oportunidad obvia. Hemos visto lo importante que Asia se ha convertido para nuestro sector educativo internacional. Proporcionamos una excelente alternativa para el estudio del idioma inglés, de acuerdo a todos los comparadores internacionales objetivos. El incesante aumento en el dólar ha erosionado algunas de nuestras afirmaciones de accesibilidad, pero no las ha eliminado. Vemos todas las razones por las cuales los jóvenes de esta región deberían considerar la opción de Nueva Zelanda. Estamos tratando de desarrollar mejores lazos para la ciencia y de investigación.

La inversión y nuestras extraordinarias fortalezas en la tecnología agrícola sobresalen como oportunidades obvias. La región tiene un enorme potencial agrícola. Ya tenemos inversiones significativas en Chile. Todo eso, y otros aspectos similares de nuestra estrategia para América Latina de NZ Inc. son valiosos. Pero no puede haber sustituto para un crecimiento robusto en los flujos comerciales y de inversión. Y aquí es en donde la Alianza del Pacífico aparece. Pienso que es una posibilidad grande, aunque de largo plazo, para Nueva Zelandia y sin duda, para Australia.

Asumiré primero que el éxito de los países que conforman la Alianza del Pacífico durante la década pasada en la búsqueda de mercados políticos y económicos más abiertos continuará. Entonces, necesitaremos mantenernos cercanos a la evolución de las negociaciones de la Alianza del Pacifico. Contamos con el mecanismo necesario para hacer eso –nuestra admisión como “observadores”, que fue la razón por la que fui a Colombia.

Mi impresión es que esta iniciativa avanza a paso veloz. Existe un enorme impulso político detrás de ella. Como uno de los Jefes de Estado presentes en la reunión de Colombia señaló, en el corto periodo en el que ha estado bajo una discusión de alto nivel ha habido dos cambios de gobierno –en México y Perú. El hecho que las discusiones continuaran sin problemas comprueba que la Alianza del Pacifico se ha convertido, de hecho, en lo que él llama una “política de Estado” para los países involucrados. Considero que tiene razón.

La agenda es muy ambiciosa y está profundamente influida por otros desarrollos más amplios en la práctica y teoría del comercio mundial. En primer lugar, el continuo y triste estado de los asuntos en Ginebra con los ejercicios de la estancada Ronda de Desarrollo de Doha ejerce una enorme influencia política y psicológica en los negociadores –de igual manera como lo hace sobre el TPP. Los negociadores comerciales alrededor del mundo tienen un record formidablemente consistente cuando se trata de plazos –nunca los cumplen. Dicho eso, tanto en el TPP, el cual también incluye a México, como en la Alianza del Pacífico, hay una absoluta determinación para mantener el impulso y evitar una repetición de la Ronda de Doha de la OMC.

El primer objetivo acordado durante esta reunión, fue remover todas las barreras directas a su comercio interno. De acuerdo al plan, 90% de las tarifas desaparecerán inmediatamente una vez que concluya la negociación, y el resto de los productos sensibles serán liberalizados dentro de los siguientes siete años. Lo que es aún más interesante es el plan para armonizar los marcos regulatorios, el comercio electrónico, las reglas en materia de comercio de servicios, aduanas y otros procedimientos que son tan importantes para el comercio internacional moderno.

No lo olviden: las fronteras entre el comercio de bienes y el comercio de servicios se están volviendo cada vez más porosas. Si las exportaciones de servicios de Nueva Zelandia se miden de manera convencional, nuestras exportaciones de servicios equivalen a cerca de un cuarto de nuestras exportaciones de bienes. Si se usan los nuevos modelos que están siendo desarrollados por la OCDE en cercana colaboración con la OMC –es decir, ‘Comercio en Valor Agregado’ – el 46% de las exportaciones de Nueva Zelandia son exportaciones de servicios. Es sólo que nuestros servicios están incorporados a nuestras exportaciones que incluyen todos los productos, desde leche en polvo hasta productos manufacturados. La implicación de la política comercial es clara: se necesita acceso a servicios de calidad de primer mundo y a precios mundiales para ser competitivo como exportador de productos manufacturados, agrícolas o de cualquier tipo.

Los miembros de la Alianza del Pacífico están explícitamente siguiendo lo que ellos llaman ‘un modelo de integración profunda’ –muy parecido a lo que nosotros y Australia hemos estado haciendo durante los últimos 10 años, aproximadamente, a través del ejercicio de Mercado Económico Único, después de la eliminación gradual de nuestras propias barreras comerciales directas en CER. Esto está fuertemente influenciado por gran parte de la labor de análisis en torno a las cadenas de suministro mundiales que estudian los negociadores profesionales. Los Ministros de Comercio fueron muy explícitos sobre ello durante la reunión en Colombia. Quieren una zona económica unida para atraer a las empresas de todo el mundo a invertir en la cadena de suministro en sus países.

Naturalmente, la gran economía de Estados Unidos será el objetivo tanto de la inversión extranjera como destino final de mercado. Y pueden ver esta lógica con tan sólo observar la métrica del comercio e inversión de Estados Unidos en la región. Más de 40% del total de las exportaciones de Estados Unidos van a México y a Centroamérica y Suramérica. De manera conjunta, América Latina es el destino de exportación de los Estados Unidos con más rápido crecimiento. Mexico es el segundo mercado extranjero más grande de América (valuado en US $215 billones en 2012). Las exportaciones estadounidenses a Centroamérica se han incrementado en cerca de 94% durante los últimos seis años; las importaciones de la región han crecido en 87%.

Australia y Nueva Zelandia: ¿en dónde entramos nosotros?

Al unirnos como “observadores” justo en la creación de la Alianza, nosotros junto con Australia hemos hecho una declaración de política de intención fuerte. Mientras asistí a la Cumbre, tomé la decisión deliberada de no tratar de definir qué significa el papel de observador en la práctica.

Tomé esta decisión por varias razones. Primero, porque resulta claro que, por lo menos informalmente, existen diferencias entre los distintos tipos de categorías de “observadores”. Existen aquéllos que, uno asume, permanecerán literalmente como “observadores” en el futuro próximo. El Primer Ministro de España, Mariano Rajoy, estuvo en la reunión por motivos históricos, políticos y culturales. Pero España, como miembro de la Unión Europea, sólo podría desarrollar una relación más estructurada con la Alianza del Pacífico si toda la Unión Aduanera de la UE se mueve en esa dirección. No desecharía esta posibilidad, pero ésta es lejana.

Otros son observadores pero son también claramente “países candidatos”. Costa Rica estuvo representado por su Presidente, Laura Chinchilla Miranda, y esperaría que Costa Rica se convierta en pleno miembro de la Alianza del Pacífico en el futuro próximo. Panamá se encuentra un paso más atrás. Una regla de principios establecida por los miembros de la Alianza del Pacífico estableció que para convertirse en miembro es necesario tener ya firmado un TLC con cada uno de los miembros de la Alianza. Esto constituye un problema para Panamá ya que cumplir con este requisito requeriría iniciar y completar una serie de TLCs. Queda pendiente ver si esta regla será sólo temporal o se convertirá en un elemento permanente.

Obviamente no puedo hablar por Australia. Pero mi impresión es que nosotros ocupamos un tercer espacio como observadores. Primero, esperaría que como mínimo pudiéramos involucrarnos con los miembros de la Alianza del Pacífico en una discusión profunda de nuestras experiencias en CER y, particularmente, en la evolución del Mercado Económico Único. Describo el ejercicio del “Mercado Único” como un intento por establecer un modelo de “dos países, un sistema”.

El ejercicio del Mercado Económico Único es un trabajo en curso pero es un ejemplo de lo que se debe tener en cuenta cuando se quiere ir más allá de los primeros asuntos de la liberalización del comercio de bienes y servicios. Estoy abierto a cualquier propuesta para profundizar el diálogo, cuándo y si los países de la Alianza del Pacífico así lo quieren.

Pero soy más ambicioso. No veo razón por la cual no debamos aspirar a una visión de largo plazo para ser miembros de pleno derecho, empezando con el libre comercio de bienes y alcanzando lo que ellos puedan negociar en servicios. No veo ningún valor en mantener las barreras comerciales entre nuestra parte del mundo y la de ellos. Ninguno en absoluto. A medida que se profundiza el éxito de desarrollo, la base para una enorme expansión de la relación económica aparecerá a la vista.

Nosotros y Australia hemos hecho esto con el ASEAN a través de AANZFTA y no hay una razón obvia para que no podamos hacer lo mismo con estas economías emergentes. Otro ejemplo es China. Actualmente, nuestras exportaciones a China son veinte veces más de lo que eran a principios de los noventa. Si esto se hubiera pronosticado en los noventa, la gente hubiera pensado que era una idea loca. Pero sucedió. Y sucedió porque dos elementos críticos y estratégicos estaban en su lugar:

  • El primero fue el fenomenal éxito de China en el desarrollo económico, lo que creó un mercado de clase media para bienes y servicios de calidad que Nueva Zelandia puede producir competitivamente
  • El segundo fue la liberalización formal del comercio a través de una combinación del ingreso de China a la OMC y el TLC entre Nueva Zelandia y China, lo que nos dio acceso a estos consumidores.

El uno sin el otro no va a funcionar para el futuro de las exportaciones de nuestro país. En el caso de la Alianza del Pacífico, el primer factor –el crecimiento de sus economías y el desarrollo de una clase media– está enteramente en sus manos y lo están haciendo muy bien. Tenemos un poco de influencia en el segundo elemento estratégico –de ahí las iniciativas que hemos tomado, consistentes con la profundización de la liberalización del comercio con los países interesados.

En cuanto a la liberalización del comercio de bienes y servicios, Nueva Zelandia ya tiene un TLC con Chile (P4) y hay un camino para un TLC con Mexico y Perú vía el TPP. Eso deja sólo a Colombia dentro de la actual configuración de la Alianza del Pacífico. Precisamente, con esto en mente, escribí una pieza estratégica sobre un posible TLC entre Nueva Zelandia y Colombia y se la entregué a los Ministros colombianos en la Reunión Ministerial de Cambio Climático a finales del año pasado en Doha, Qatar. Esto es, incidentalmente, un ejemplo clásico de la realidad de muchas de estas conferencias internacionales. Ellas brindan múltiples oportunidades para hacer negocios con los tomadores de decisiones en los márgenes de dichas reuniones y muy frecuentemente, sobre asuntos no relacionados.

Esta propuesta fue recibida por los expertos de comercio colombianos con interés considerable. De hecho, fue mucho mayor el interés demostrado al que yo esperaba, ya que normalmente existe un largo periodo de gestación antes de obtener una respuesta. El Primer Ministro estaba entonces en la posición ideal para avanzar este concepto en su diálogo con el Presidente Santos en Bogotá, en marzo de este año. En la conferencia de prensa después de las excelentes pláticas bilaterales, el Presidente Santos habló favorablemente sobre la idea de un TLC bilateral. Colombia tiene una gran experiencia en esta área y cuenta ya con un TLC con Estados Unidos.

Posteriormente, di seguimiento a la idea de un TLC con Colombia, con los Ministros colombianos en los márgenes de la reunión de los Jefes de Estado de la Alianza del Pacífico. Mi impresión es que esto tomará un poco más de tiempo para cristalizarse porque, comprensiblemente, el sistema colombiano está más enfocado en el futuro inmediato con la agenda a cumplir de la Alianza del Pacífico. Y verdaderamente, ellos deberían estarlo. Como le dije a varios Ministros y altos funcionarios de la Alianza, nosotros no queremos ser “observadores” de una reunión en donde todo el tiempo sólo se hable de trabajo; queremos ser observadores de algo real y sustancioso.

El objetivo es claro, por lo menos en mi mente: queremos libre comercio con todos los miembros de la Alianza del Pacífico. Los medios precisos o los caminos para lograrlo son otro asunto. Pero, claramente, habiendo sido aceptados como “observadores”; con el TPP en un estado avanzado de negociación; con el TLC existente con China; y  con nuestra propuesta para alcanzar un TLC bilateral con Colombia, estamos en el lugar preciso mientras la estrategia de la Alianza del Pacífico se desarrolla.

Creo que esto es emocionante y que podría convertirse en el siguiente “nuevo proyecto” para la estrategia de política comercial de Nueva Zelandia.

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